¿Qué es VUCA?

Por Alberto Blanco, Director General de Grupo Actual.

El pasado domingo el diario El País publicó un artículo al que llamó “Se busca trabajador con aplomo”, titulado en su edición digital “Cuando la inestabilidad es lo normal” . Y en ambos tuve la ocasión de participar, junto a personas como Juan Carlos Cubeiro o Carlos Herreros, opinando sobre eso que llaman los entornos VUCA.

Por si queda una remota posibilidad de que todavía exista alguien que no haya oído hablar de este término, VUCA significa  Volátil, Incierto (uncertainty), Complejo y Ambiguo, cuatro características que vienen a resumir, según los defensores del concepto, los entornos laborales y empresariales que vivimos en la actualidad.

Para mi VUCA entronca directamente con el learning agility, una competencia  que trasciende el aprendizaje continuo.  No se trata ya de una curiosidad y una capacidad de absorción de conocimientos. Es eso y algo más. Es, sobre todo, la capacidad para observar el entorno, diagnosticarlo y comprenderlo. Y a partir de ahí, la habilidad para generar ideas propias que, combinadas con las ideas de otros, resulten en acciones que tengan impacto y consigan una ventaja competitiva en ese entorno, es decir, hacer que las cosas pasen.

En suma, se trata, de una súper capacidad de adaptación, de convertirse en una especie de “Prédator” de nuestro tiempo. Sólo que en lugar de destruir y parasitar, el objetivo es crear y transformar. Esa suerte de cableado mental requiere procesar muchos datos, e interconectarlos, pero no tanto para dar respuestas correctas sino para hacerse muchas preguntas. Algo en lo que el big data o el design thinking  tienen mucho que decir.

Para mí un ejemplo de VUCA, decía en el artículo de El País, es Tesla y su apuesta por coches eléctricos de gama media dirigidos al gran público en una industria más que madura que no parecía dejar sitio fuera del segmento lujo. O Uber  y su revolución, contra viento y marea, del mundo del transporte urbano, podando las desventajas del taxi tradicional y subiéndolo al carro de la economía colaborativa.  Un ejemplo más cercano es el de Kike Sarasola y su proyecto Be Mate, en el que cruza la “vieja economía” del negocio hotelero con la economía colaborativa impulsada por Airbnb para el alquiler de apartamentos vacacionales entre particulares, fusionándolos en un mix con lo mejor de cada uno. Ninguno de estos negocios, en sentido estricto, ha inventado una actividad que no existiera ya. Lo que sí han conseguido, es hacer que esa actividad sea rentable, muy rentable.

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