Ojo al cambio: ¡Llegan las Google Glass!


La policía nacional está explorando la utilidad de esta nueva herramienta tecnológica
que pondría a su disposición, en directo, cámaras de seguridad, la consulta de miles bases de datos, acceso a los mapas de “Street View” o servicios de apoyo de todo tipo.

También los golfistas americanos se han vuelto locos con unas gafas que costarán unos 1.000 euros y que han superado todas las expectativas de éxito del gigante tecnológico. Con ellas podrán calcular distancias, acceder a los planos de miles de campos de golf e, incluso, consultar jugadas míticas en el mismo hoyo. En salud, las aplicaciones se cuentan por miles: desde la que permite a los ciegos leer sin utilizar braille, a la creada por una empresa española especializada en “wearable” o “tecnología ponible”: un sensor que monitoriza nuestras constantes vitales a tiempo real. Tomar fotos y vídeos, mantener videoconferencias, enviar direcciones, “ver” a otros usuarios de Google+ Las aplicaciones son incontables y… esto no ha hecho más que empezar.

Me pregunto qué uso les daremos en nuestras empresas, en nuestros sectores, en nuestro mundo. ¿Necesitaremos realmente unas Google Glass para visualizar mejor el talento de nuestras organizaciones? ¿Seremos capaces de crear nuevas metodologías para poner al alcance de nuestros clientes y ayudarles a resolver sus problemas? ¿Encajará de alguna forma esta tecnología en los Recursos Humanos? ¿Y en el mundo que nos rodea? ¿Qué aportará al mundo de las personas, de las ideas o a la gestión del conocimiento?

Como siempre ante cualquier innovación, miles de voces ya se han alzado en contra. De todas ellas, un grupo no demasiado catastrofista previene de los posibles “Efectos Google Glass“. Ellos han preferido dejar de lado el preocupante, manido y polémico tema de la pérdida de intimidad. Les preocupa el llamado “efecto Walkman”, un término que acuñó el estudioso de la música Shunei Hosokawa en 1984 para describir a esa gente que pierde el contacto con la realidad, aislada por unos cascos y envuelta en “su” música. Un efecto que se ha amplificado engorrosamente con la llegada de los smart phones: ellos nos han trasladado a un universo de cabezas agachadas, dedos enredados en teclados y sonrisas y pasos mortecinos. Soy capaz de imaginar el futuro en un par de años: las cabezas se levantarán, los cuellos descansarán y miles de miradas perdidas al frente darán un aire algo zombie a nuestras ciudades. Pero detrás de sus molestas contraindicaciones encontraremos una tecnología que nos va a obligar a reinventar algunos aspectos de nuestra vida; una tecnología en la que miles de desarrolladores ya están trabajando, inventando, de momento de forma altruista, el futuro.

 

Inés Molina

Periodista especializada en RR. HH.

Imagen de Max Braun bajo licencia Creative Commons.

Volver

Categorías

Tags

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
+34 917 450 611 ????