Hora de cambiar de trabajo

Ya pasaba en el colegio. Los domingos por la tarde, más o menos al terminar la película de la tele de después de comer, o al levantarnos de la siesta, una bola de amargura se instalaba en nuestra garganta anunciándonos con varias horas de antelación la llegada de un nuevo lunes.

Era el pre-lunes, una anticipación mental de la desdicha que imaginábamos para el día siguiente que nos atenazaba y nos impedía disfrutar de lo que quedaba de fin de semana. Si, una vez han quedado atrás los años de colegio, esa sensación de congoja nos sigue amargando las últimas horas de nuestros domingos, tal vez sea hora de empezar a considerar un cambio de trabajo.

La falta de motivación para acudir al puesto de trabajo es el primer indicador de algo no marcha bien en nuestra carrera laboral. Cuando se habla de alcanzar la felicidad en el trabajo no queremos decir que el lunes por la mañana tenga que ser nuestro mejor momento de la semana (tal vez lo sea para Bob Esponja y algún otro workalcoholic crónico, pero no para la mayoría de los mortales). Pero sí con la sana y necesaria porción de satisfacción personal y autorrealización que conviene que acompañe a nuestro desempeño profesional. No lograrlo puede obedecer a dos motivos: 1). No estamos realizando el tipo de trabajo que mejor se ajusta a muestro perfil, habilidades e inquietudes. 2) No lo estamos haciendo en la empresa adecuada.

¿Cómo saber que ha llegado la hora de cambiar de proyecto? Además de la aversión a los lunes, hay otros ‘tips’ que pueden ayudarnos a despejar dudas sobre si debemos ponernos o no actualizar nuestro curriculum.

Las primeras señales proceden del ámbito de las relaciones con compañeros y jefes. Si cada vez te aburren más unos y otros y la perspectiva de la próxima cena de navidad te levanta dolor de cabeza, sigue leyendo. A medida que nos desencantamos con nuestros trabajos solemos empezar a ver fisuras insalvables en nuestros jefes y muchos de nuestros colegas de trabajo. Ni te atrae lo que te cuentan, ni confías demasiado en ellos. No les debes nada, al fin y al cabo ellos tampoco se mojan por ti.

Y lo mismo viene a suceder con la propia empresa y proyecto para el que trabajas. Una y otro han perdido su encanto. Oír la misión de tu empresa te provoca, según el día, desde la carcajada a la indiferencia. Del desarrollo que te prometieron, nunca más se supo. Esto, unido a la rutina del día al día, que hace que cada día se parezca sorprendentemente al anterior, dan vida al cóctel molotov del aburrimiento. Las mismas personas, las mismas tareas, el mismo documento una y otra vez…

Bueno, pues no tiene por qué ser así. Cambiar es posible. Y, si tus síntomas son los anteriormente descritos, seguramente ha llegado para ti el momento de hacerlo.

Alberto Blanco

Director General de Grupo ACTUAL.

Imagen por Hartwig HKD bajo Licencia Creative Commons.

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