Dejarlo todo para trabajar en lo que me gusta

– La historia de cuatro mujeres que dejaron un empleo estable y bien remunerado por dedicarse a su gran pasión

 

– “Solo cuando nos apasiona lo que hacemos pasamos de hacer un buen trabajo a hacer un trabajo excelente”, asegura el director de la consultora Grupo Actual

 

Las cuatro historias que se narran a continuación están protagonizadas por mujeres que han sacrificado empleos estables y bien remunerados para intentar cumplir el sueño de trabajar en lo que realmente les gusta. Un salto sin red en el que no hay garantía de éxito, pero para el que han contado con el apoyo incondicional de sus familias. Valientes para algunos, insensatas para otros, estas soñadoras han decidido hacer suyo aquello de quien no arriesga, no gana.

Pero ¿tan importante es trabajar en lo que uno le gusta? Alberto Blanco, director general de la consultora de RR.HH Grupo Actual, opina que no sólo es importante, sino que constituye el factor que marca la diferencia en el mercado laboral de hoy. “En un entorno profesional tan competitivo y con tantas personas tituladas haciendo trabajos tan parecidos, solo cuando nos apasiona lo que hacemos pasamos de hacer un buen trabajo a hacer un trabajo excelente”. Además, añade, trabajar en algo en lo que sabemos que somos buenos y que nos motiva puede brindarnos “muchos momentos de felicidad”, por lo que es un objetivo que está plenamente justificado perseguir. Este especialista señala que un indicador que puede ayudarnos a calibrar nuestro grado de compromiso con ese cambio es preguntarnos “a qué estamos dispuestos a renunciar para lograrlo”.

Para Arancha Solis, esa renuncia le supuso, entre otras cosas, interponer 7.000 kilómetros entre ella y su familia. Su carrera en España se había desarrollado en puestos técnicos dentro del sector de la producción audiovisual, un trabajo que compaginó con sus estudios de arte dramático y pequeños papeles ocasionales en teatro y televisión. Hace ocho años rompió con todo y se marchó a Miami a intentar abrirse camino como actriz, su verdadera vocación. “Estaba aburrida y no me sentía plenamente feliz con lo que hacía. Para mí, el trabajo es muy importante; me tiene que gustar mi profesión”, explica. Los comienzos en Estados Unidos fueron duros, pero después de “mover muchos contactos y hacer muchos castings” por fin llegaron los papeles en novelas, series, teatro y presentando programas de televisión. Acaba de ser nominada como mejor actriz de reparto en los premios Miami Life Awards 2015, en la categoría de teatro, por su papel en la obra Tres.

Cambio de trabajo y de estilo de vida

Otra soñadora que ha visto hecho realidad su proyecto es Marga Ceria. El nacimiento de su hijo en 2012 fue el detonante que le llevó a despedirse de un puesto de secretaría de dirección en el que llevaba ocho años para imprimir un drástico golpe de timón a su carrera. “Me pregunté si levantarme cada día a las 6 de la mañana, estar 12 horas fuera de casa y hacer más de 2.000 kilómetros al mes era el tipo de vida que quería llevar”.

Así nació Fine Art Photography, una aventura que le ha permitido desarrollar su faceta más creativa sin renunciar a la conciliación de su vida personal y profesional. La empresa ofrece servicios de fotografía creativa especializada en maternidad y recién nacidos, un nicho de mercado que en España está empezando a desarrollarse pero con mucho recorrido en países como Australia o Estados Unidos. “He ganado en tranquilidad y disfruto del tiempo viendo crecer a mi hijo. Intento no despreciar ni un día”, asegura.

Ana Sanz le llevó diez años encontrar una profesión que realmente le apasionara. Licenciada en Farmacia, esta madrileña de 34 años trabajó, desde que terminó sus estudios, en la farmacia de su familia, una actividad en la que “estaba muy cómoda y tenía todo bajo control, pero en la que no me sentía realizada”, comenta. Hace dos años entró en contacto con el coaching y supo que ese era el camino por dónde deseaba orientar su futuro. El resultado es INgente, un proyecto que abrió sus puertas hace cinco meses y que persigue ayudar a las personas a lograr sus objetivos vitales y profesionales a través del coaching.

Aunque no todo el mundo ha entendido su decisión, asegura sentirse respaldada. “Mi madre –y ya ex jefa- fue la primera en animarme a dar el salto y vivir mi propio sueño”. Atrás han quedado un sueldo fijo y un futuro más o menos garantizado, aunque “a lo que de verdad he renunciado es al conformismo, al qué dirán y a la ansiedad por el futuro. Ahora vivo mi presente”. Aún así, admite que a veces le asaltan las dudas. Pero las dudas “se combaten trabajando más en tu proyecto, cuidándolo y alimentándolo”. De esta forma, añade, se gana en seguridad y confianza, “y esas dudas y miedos se van transformando en acciones que te ayudan a avanzar”.

‘Tirarse a la piscina’

Una decisión de estas dimensiones no se puede tomar a la ligera. Antes de cruzar el charco, Arancha Solís investigó el sector de las productoras y las televisiones de Miami y buscó un manager local. El estudio fotográfico de Marga Cira tardó tres años en gestarse, un tiempo que ella dedicó a confeccionar cuidadosamente su plan de negocio y a completar su formación como fotógrafa. Por su parte, Alberto Blanco recomienda que antes de dar el paso conviene hacer un ejercicio de autoanálisis para tratar de identificar las propias fortalezas y debilidades, un conocimiento que nos será de gran utilidad a la hora de escoger un determinado camino profesional. Hay que meditarlo, sí, aunque tampoco demasiado porque, advierte Ana Sanz, “un exceso de análisis conduce a la parálisis”.

María Antonia García Quesada es reincidente en eso de lanzarse al vació siguiendo su instinto, y siempre con el objetivo de encontrar un reto profesional motivador en punto de mira. Periodista y escritora con una larga trayectoria a sus espaldas, en su día ya renunció a un puesto fijo, ganado por oposición, en el gabinete de prensa de un ministerio para aceptar la oferta de un medio que le interesaba. Hace unos meses consumó un nuevo viraje en su carrera al dejar su puesto como responsable de las páginas de opinión de El Economista para dedicarse de lleno a su otra gran pasión: la literatura. Con varias obras de ficción publicadas, decidió que no volvería a someterse al esfuerzo titánico que le supuso terminar su ultima novela en 2009. “Tanto el periodismo como la literatura son profesiones muy absorbentes y es muy difícil compaginarlas. Si quieres escribir, tienes que dedicarte de verdad”, explica.

Un plan que, sin embargo, no pudo llevar a la práctica hasta que se dieron una serie de circunstancias propicias como son unos hijos ya independizados y una situación económica saneada. “Antes de abordar esta aventura ahorré durante varios años, ya que no sé si tendré ingresos escribiendo”. Una incertidumbre que no le impide sentirse una privilegiada. Asegura que muchos de sus amigos la envidian. “¿Qué si soy valiente? Si no te arriesgas a fracasar, no tendrás éxito nunca. Y lo que al final uno no se puede perdonar es no haberlo intentado”.

 

Ramón Oliver

Enlace al contenido original.

Imagen y Fuente vía zoomnews.es

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