De genio, vigor mental y líderes saludables

Leo -devoro- el artículo “Los más excéntricos, los más geniales“, que publica Xavi Sancho en EL PAÍS y río a carcajadas imaginando a un Salvador Dalí enfundado en una escafandra, escoltado por dos lobos esteparios, dando una conferencia en Londres ante la atónita mirada de vaya usted a saber quién.

Tampoco están mal Oscar Wilde paseando a su langosta por los parques de esta misma ciudad o el formulario de entrada a la isla de Dean Kamen, inventor del Segway, que exige dejar las huellas digitales y las anales para poder disfrutar de su reino, ministerios de Helados y Nepotismo, incluidos.

Releo con una extraña mezcla de pasión y dolor el principio de este soberbio artículo: “La cantidad de excentricidad en una sociedad ha sido generalmente proporcional a la cantidad de genio, vigor mental y valentía moral que contenía. Que tan pocos se atrevan a ser excéntricos marca el principal peligro de la época”. La frase es de 1859 pero perfectamente podría haberse escrito hace una hora.

Hace tiempo leí en la revista Harvard Review un artículo titulado “Líderes en el diván”. Lo firmaba el profesor del INSEAD Manfred F.R. Kets de Vries, un hombre que ha dedicado su vida al análisis –y al psicoanálisis- de los CEO. En esta reflexión, el psicoanalista holandés describía el perfil psicológico de los CEO más exitosos del mundo. Hablaba de la depresión del líder maduro, de sus vulnerabilidades e inseguridades. Me llamó mucho la atención saber que los directivos de las principales compañías del mundo se asomaban a una crisis existencial al ser nombrados CEO, casi, casi, sin remisión.

Kets de Vries ensalzaba a los llamados “líderes saludables”, directivos capaces de estudiarse a fondo; equilibrados y automotivados a pesar de los vientos desfavorables o de los resultados adversos. Decía este profesor del INSEAD que estos directivos llevan una vida equilibrada con espacio para su familia y amigos, son creativos y no se conforman con las cartas que la vida les reparte. Tras una loa a la “normalidad” y la racionalidad, una reflexión final dejaba una idea fascinante en el aire: los directivos que aceptaran su propia locura podían convertirse en los más sanos de todos. Tal vez ha llegado la hora de atreverse a ser algo excéntricos.

 

Inés Molina

Periodista especializada en RR. HH.

Imagen de Maggie-Me bajo licencia Creative Commons.

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