Acercando posiciones. Nuevos tiempos, nuevos líderes

Cada día es noticia y sorprende a católicos y no católicos con gestos que una mayoría de la sociedad aplaude. Es Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco. Representa en si mismo el acercamiento del Vaticano hacia muchos colectivos al que la alta iglesia católica viene dando la espalda en mayor o menor medida desde hace mucho: LGBT, presos de Guantánamo, inmigrantes ilegales en EEUU, interlocutores del conflicto árabe-israelí…

No hay jardín en el que el Papa Francisco no ande metido. Y precisamente esa es una de las cosas que más valoramos de él. Su compromiso. Sin conocerlo personalmente intuimos su habilidad para acercar posiciones de aspecto casi irreconciliable (Vaticano y LGBT, Palestina e Israel, Cuba y EEUU…). Un talento poco común y cada vez más valorado en nuestra sociedad como uno de los rasgos de los auténticos promotores del cambio. Hablamos de líderes reales como Nelson Mandela, Obama, Rigoberta Menchú o José Múgica, pero también de ficción, como el Presidente Bartlet en El ala oeste de la Casa Blanca, Birgitte Nyborg en Borgen, Ned Stark en Juego de Tronos y hasta la Arenita de Bob Esponja. El entretenimiento tiene claro que los líderes de este nuevo mundo han de llevar puesto un mensaje integrador.

No tiene pinta de que esto sea una moda sin más. Más bien es una respuesta a un entorno cada vez más plural, poblado de organizaciones en las que la fuerza de trabajo sorprende por su diversidad. Hagamos un análisis superficial de la empresa para la que trabajamos. Si la estructura es de 50 o más trabajadores seguramente habrá gente de menos de 20, y gente de más de 65, hombres y mujeres, más de 2 o 3 nacionalidades, personas que trabajan en remoto y personas que trabajan en la oficina y distintos formas de contratación. Y todo esto en un contexto como el español, mucho menos rico que otros a efectos de diversidad de etnias, culturas y confesiones.

Hace solo 30 años el estilo de liderazgo demandado era muy distinto, en cierto modo porque las fuerzas de trabajo también eran muy distintas. Hombres en su inmensa mayoría, de un entorno social y cultural semejante y con una rotación mínima. Probablemente su problema no era alcanzar el consenso sino más bien salirse de la caja para ver nuevos enfoques y soluciones. Pero afortunadamente las cosas han cambiado mucho y esperamos que cambien mucho más en las próximas décadas.

Los nuevos líderes no son ni mejores ni peores, pero probablemente nos gusten más. Su talante profundamente humano e integrador tiene incontables beneficios: empatía, control emocional, paciencia, flexibilidad, comprensión… pero también tiene su parte negativa. Ser blando y vulnerable puede hacer que alguno de los miembros del equipo intente aprovecharse o que deje de respetarle, ignorando sus peticiones e instrucciones. Otro de los errores habituales en este estilo de liderazgo es sobreproteger al equipo. Bajo la capa protectora del líder no va ser nada fácil ni crecer ni desarrollarse porque aquí dentro se está muy calentito. Por no hablar de la gestión buenista del conflicto en la que se ignora el problema en vez de abordarlo abiertamente.

 

Raquel Lombas

Imagen por Ministerio de Cultura de la Nación Argentina bajo Licencia Creative Commons.

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